Voy acercándome al final de la novela de Dostoyevski. Cada día, sin exceptuar ni uno, he tenido ganas de anotar una frase o un párrafo entero y copiarlos sencillamente en Avicena. Pero en ninguna de las ocasiones he tenido la resolución suficiente como para hacer una pausa en la lectura y ponerme a copiar. Hoy, sin embargo, me he topado con una frase tan corta y tan bien puesta que por fin me he decidido.
Al empezar la cuarta parte del libro Dostoyevski hace un repaso sobre la personalidad de uno de sus personajes, un hombre joven "de deseos fogosos y apremiantes" y dice de él:
"La impetuosidad de sus deseos se le antojaba su fuerza".
No he podido evitar que me vinieran a la cabeza multitud de casos en los que se reconoce esa frase. Y cuando digo "casos" me refiero tanto a personas que conozco como a momentos de mi propia vida en los que he cedido a la tentación y me he portado como un fatuo.
Ésta no es precisamente la mejor frase del libro ni su idea más brillante, pero resume mi visión sobre un tema en el que he estado pensando últimamente y por eso me he animado a copiarla. Resulta que hace poco oí hablar sobre una pareja que discutía y en la que el hombre hacía aspavientos y hablaba a voces con la expresión crispada y sin dejarse interrumpir a base de aumentar el volumen. El comentario de uno de los que lo contaba fue "ella es más débil". Esa idea es completamente opuesta a la que yo tenía y me desconcertó.
A mi modo de verlo la persona que pierde los nervios y se pone a gritar en una discusión es una persona débil, porque no sabe controlar sus impulsos más primarios. Es fácilmente irritable y por tanto manipulable (me viene a la cabeza el juicio de "Algunos hombres buenos"). Una persona en ese estado de exaltación no puede pensar con claridad y medir sus palabras para no sobrepasarse, por lo que, aunque empiece con una idea acertada, se equivocará. Ese tipo de personas, en el mejor de los casos, se pasa la vida pidiendo perdón y tragándose sus palabras; en el peor de los casos el orgullo le hace seguir en sus trece defendiendo ideas que en el fondo no le convencen y tratando de convencerse de ellas.
A mi modo de verlo, en el caso que contaban, "ella" era más fuerte. Porque sabía evitar una pelea que no habría merecido la pena y sabía mantener las ideas frías y dejar en evidencia los errores del otro. No se pasaría la vida arrepintiéndose y avergonzándose de su comportamiento animal. "Ella" tenía la fuerza suficiente para dominarse.
Ésa es mi idea de persona fuerte, y no la de el que se va dando un portazo como si el portazo, o su "ímpetu" en general, demostraran razón, valía, dignidad o cualquier otra cosa que no sea fatuidad. Por eso me ha encantado encontrarme esa idea reflejada en la frase de Dostoyevski. Ha sido como saberme comprendido. Comprendido por alguien de quien el propio Nietzsche dijo que había sido el único que le había enseñado algo sobre psicología. Para mí es suficiente.
Prometo una entrada sobre la literatura de Fiodor (en la medida en qeu la conozco, así que será breve) cuando termine "El Idiota".
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lunes, 23 de noviembre de 2009
miércoles, 4 de noviembre de 2009
Ideas modernas
Yo, lo admito, era antes un tipo con unas ideas muy antiguas y algo cortas. Creía, por ejemplo, que había dos tipos de personas: las que suelen buscar sólo el bien propio y las que suelen buscar el bien de los demás. Bueno, y un tercer grupo en el que estaríamos todos los que algunos días ayudamos al vecino a subir la compra y otros días, en cambio, le damos rápido al botón del ascensor para que no nos estorbe ni nos haga esperar; los que no nos decidimos y andamos siempre cambiando del primer al segundo grupo y de nuevo al primero. A mí me caían bien las del segundo grupo y mal las del primero. Yo era un ignorante.
Por suerte tengo un amigo que es más inteligente que yo. Una mente extraordinaria capaz de ideas más modernas y avanzadas. Un amigo con una grandísima capacidad en lo que se refiere a la psicología. Éste amigo, hace tiempo ya, me abrió los ojos. Él me hizo entender que todos somos egoístas. Que el ser humano es así sin excepción: todos buscamos nuestro bien particular y punto. Y cuando uno ayuda a otro, no lo hace por altruísmo, sino que, muy en el fondo, lo hace para que le admiren. Y cuando lo hace sin que le vean (de modo que no lo puedan admirar) su motivo es sentirse bien con eso; satisfacer su propia conciencia. En realidad éstos, además de ser egoístas, se engañan a sí mismos y se creen mejores personas que los demás.
Mi inteligentísimo amigo tenía razón y me ha cambiado la manera de ver el mundo. Ahora creo que hay dos tipos de personas: Los egoístas que sólo se sienten bien al satisfacer sus intereses personales y los egoístas que se sienten bien satisfaciendo los intereses de los demás. Me siguen cayendo bien los primeros (y coincido con ellos en que son mejores personas) y mal los segundos, y sigo estando en un grupo intermedio que aveces da caricias y a veces bofetones. Como veis, este nuevo planteamiento es, no cabe duda, enteramente distinto al anterior. Enteramente.
Con el tiempo he ido conociendo más gente con las modernas y avanzadas ideas de mi amigo (son pocos, la gente tan brillante no abunda) y, curiosamente, todos son antes del primer grupo que del segundo.
Que la fuerza os acelere.
Por suerte tengo un amigo que es más inteligente que yo. Una mente extraordinaria capaz de ideas más modernas y avanzadas. Un amigo con una grandísima capacidad en lo que se refiere a la psicología. Éste amigo, hace tiempo ya, me abrió los ojos. Él me hizo entender que todos somos egoístas. Que el ser humano es así sin excepción: todos buscamos nuestro bien particular y punto. Y cuando uno ayuda a otro, no lo hace por altruísmo, sino que, muy en el fondo, lo hace para que le admiren. Y cuando lo hace sin que le vean (de modo que no lo puedan admirar) su motivo es sentirse bien con eso; satisfacer su propia conciencia. En realidad éstos, además de ser egoístas, se engañan a sí mismos y se creen mejores personas que los demás.
Mi inteligentísimo amigo tenía razón y me ha cambiado la manera de ver el mundo. Ahora creo que hay dos tipos de personas: Los egoístas que sólo se sienten bien al satisfacer sus intereses personales y los egoístas que se sienten bien satisfaciendo los intereses de los demás. Me siguen cayendo bien los primeros (y coincido con ellos en que son mejores personas) y mal los segundos, y sigo estando en un grupo intermedio que aveces da caricias y a veces bofetones. Como veis, este nuevo planteamiento es, no cabe duda, enteramente distinto al anterior. Enteramente.
Con el tiempo he ido conociendo más gente con las modernas y avanzadas ideas de mi amigo (son pocos, la gente tan brillante no abunda) y, curiosamente, todos son antes del primer grupo que del segundo.
Que la fuerza os acelere.
viernes, 23 de octubre de 2009
Pedro Páramo
Me acaban de regalar "Pedro Páramo" de Juan Rulfo. Un libro que llevo más de diez años queriendo leer. Comencé a leerlo siendo estudiante en La Casa del Libro de Sevilla, pero no me lo podía comprar. Leí algunas páginas más la siguiente vez que volví y pronto cayó en mis manos un ejemplar de "El Llano en Llamas", el otro libro de Rulfo. (Si, curiosamente, salvo un guión para cine sólo escribió esos dos libros). "El llano en llamas" está en mi lista de libros favoritos en el perfil de este blog. Cuando lo terminé, decidí que debía leerlo más gente, así que lo convertí en libro viajero escribiendo en la primera página una maldición para el que se lo quede y se lo regalé a un Colombiano con el que compartía piso en Alemania por aquel entonces (un fan incondicional de Gabriel García Márquez).
¿Qué pasará con éste? Este me lo quedaré. Es un regalo de cumpleaños (muy atrasado, ya había olvidado que me habían dicho que me lo regalarían) y está dedicado. Así que para mí.
Ahora viene mi dilema: Últimamente no saco mucho tiempo para leer y me encuentro a mitad de un libro larguísimo ("El Idiota", un clásico, de F. Dostoyevsky). Nunca fui bueno para llevar dos libros a la vez y ahora es peor porque leo menos... ¿Seré capaz de esperar a terminar "El Idiota" antes de empezar con "Pedro Páramo"? El problema es que si no espero, voy a perder el hilo del ruso y se me va a alargar demasiado. Sería una pena estropear por falta de paciencia un libro tan bueno y que estoy disfrutando tanto.
Creo que me pondré la máscara de caballero Jedi y me diré a mí mismo: "la paciencia, joven padawan, madre de sabiduría es".
La entrada de hoy es muy literaria, así que creo que la voy a copiar y publicarla en avicena 13.
Os recomiendo "El Idiota" y ya os recomendaré "Pedro Páramo" cuando lo lea. Y por supuesto, que la fuerza os acelere.
¿Qué pasará con éste? Este me lo quedaré. Es un regalo de cumpleaños (muy atrasado, ya había olvidado que me habían dicho que me lo regalarían) y está dedicado. Así que para mí.
Ahora viene mi dilema: Últimamente no saco mucho tiempo para leer y me encuentro a mitad de un libro larguísimo ("El Idiota", un clásico, de F. Dostoyevsky). Nunca fui bueno para llevar dos libros a la vez y ahora es peor porque leo menos... ¿Seré capaz de esperar a terminar "El Idiota" antes de empezar con "Pedro Páramo"? El problema es que si no espero, voy a perder el hilo del ruso y se me va a alargar demasiado. Sería una pena estropear por falta de paciencia un libro tan bueno y que estoy disfrutando tanto.
Creo que me pondré la máscara de caballero Jedi y me diré a mí mismo: "la paciencia, joven padawan, madre de sabiduría es".
La entrada de hoy es muy literaria, así que creo que la voy a copiar y publicarla en avicena 13.
Os recomiendo "El Idiota" y ya os recomendaré "Pedro Páramo" cuando lo lea. Y por supuesto, que la fuerza os acelere.
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